"Saru", por Gus Codella (SAE)
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Saru, por Gus Codella (SAE)

Allá por el año 2005 me llamó Alejandra Isler, una joven y talentosa directora de arte, para contarme que quería hacer un documental sobre quien fuera su maestro y referente: el gran escenógrafo, diseñador y director de arte Jorge Sarudiansky (Saru).

La edición tuvo dos etapas muy distanciadas temporalmente. En el comienzo, como el proyecto era algo muy pequeño, sin producción ni dinero, la directora se abocó a registrar testimonios de Saru que fuimos editando en lapsos de una o dos semanas en las que ambos coincidíamos, y poco a poco, a lo largo de dos o tres años de trabajo muy espaciado, fueron apareciendo los núcleos narrativos que fuimos cerrando uno a uno como bloques en sí mismos.

Fue por ese entonces que empezamos a vislumbrar que la película tendría finalmente esa estructura de bloques aislados, hilvanados cronológicamente en la primera mitad de la película, y contrapesados por la exposición más profunda del personaje en la segunda mitad.

El proyecto quedó interrumpido luego del fallecimiento de Saru, en el año 2009.

En 2013, al obtener el subsidio del INCAA, encaramos la segunda etapa. Se rodaron entonces nuevos testimonios e imágenes, que junto al material de archivo terminaron de completar y unir los bloques pre-editados en la primera etapa.

"Saru" es una mirada que la directora construyó en homenaje a quien fuera su mentor; y en una visión más amplia, es una mirada sobre el oficio del director de arte. Un desafío que planteó la edición fue atender los requerimientos de Ale desde su rol como directora de arte, y su necesidad de construir atmósferas que envuelvan y den identidad a cada bloque.

En lo personal lo viví como una experiencia de construcción de forma en el montaje, un concepto que pude aprender del mismo Saru: el director de arte construye forma en el espacio, manteniendo el enfoque en lo esencial que se pretende expresar, prescindiendo de todo elemento que pueda desviar o distorsionar tal relato, sea éste descriptivo, emocional o sensorial.

El resultado es un documental sentido, compacto y experimental, que por momentos parece traernos a Saru, acá, junto a nosotros, mirando la peli.

Gustavo Codella
29 de junio de 2020